MOSAICO, 31-XII-014

Martínez Campos, 31/XII/014
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MOSAICO
Silviano Martínez Campos
LA PIEDAD, 31 de Diciembre. ALLÁ EN LOS lejanos, lejanísimos días de mi niñez en Ziquítaro (el ombligo del mundo dicho sea de paso), había una costumbre, entre broma y en serio y creo más bien alguien la inventó para trambuluquear las mentes infantiles, con motivo del año nuevo. El instrumento y la técnica para detectar por dónde nacía el año, consistía en un utensilio lleno de agua, batea, cubeta o tina, y a hora conveniente, tal vez desde la madrugada y hasta el amanecer, clavar la mirada en el agua y por allí, por allí, era cuestión de buscarle, se veía por dónde nacía el año, en forma de nubecita. Yo por mi parte, nunca logré detectarlo. ¡Cómo han cambiado los tiempos!. En aquellas culturas tradicionales y creo que en todos los continentes, funcionaban hombres o mujeres con capacidades o facultades muy especiales, capaces de profundizar en el alma humana y supongo que también penetrar en los arcanos del porvenir. Funcionaban y funcionan tal vez ahora y son los verdaderos “brujos”, no los brujos charlatanes del negocio que esquilman a incautos que se les acercan para atisbar el propio, personal futuro. Y hay culturas, por muy civilizadas que parezcan, que en un gran porcentaje de su población, aún clases dirigentes, acuden a eso de los horóscopos, cosa que en tiempos pasados no comercializados, eran cosa seria y hasta hombres de ciencia acudían a ellos. Y ESO DE la bola de cristal para atisbar el futuro, no sé dónde y quien lo inventaría, pero por mi parte nunca he clavado mi fe en esos procedimientos y tal vez sea en mi una ignorancia defensiva. Donde sí clavo mi curiosidad y mi interés, en la esfera electrónica, el globo terráqueo, pues, que se presenta con motivo de un acontecimiento, como los movimientos del clima cambiante (que en sus aspectos técnicos no entiendo gran cosa), o el mapa (o mapamundi) sobre un avión perdido, que culmina por lo general y desafortunadamente, con el encuentro de los restos en el fondo del mar o en una región montañosa de difícil acceso. EN ESTE SENTIDO, ya casi todos somos adivinos y vemos en la esfera electrónica el desarrollo de un acontecimiento y hasta nos atrevemos a pensar que de convenir a los intereses de las potencias sobrevivientes de la guerra fría, por allí andarán metiendo sus narices para sacar tajada en el complicadísimo ajedrez del mundo. Pretensiones de un poder mundial omnimodo, en todos los aspectos de la vida. Y algunos pensadores dicen que por más que se pretenda, el mundo ya no soportará poderes únicos (de alguna nación) y la salida civilizada, esperanzadora, es la unificación humana, en lento proceso, cierto, a través de los instrumentos de que se dispone (ONU, Naciones Unidas, por ejemplo). EN ALGUNAS OTRAS cuestiones de la vida, no es tan difícil adivinar, sea con tina de por medio, globo de cristal o globo terráqueo cibernético. Y como decía mi amigo Refugio Molina (Cuco Molina) allá hará medio siglo cuando comenzábamos nuestro reporteo un grupo de incipientes periodistas en la ciudad de México en torno a un almuerzo con huevos molcajeteados: no nos hagamos pendejos, las cosas son así, y asá, etcétera. DESDE MI BOLA de cristal personal, veo las cosas más o menos así: me acojo (no me queda de otra, je je y je) a una opinión en el sentido de que una contingencia cancerígena no es necesariamente sentencia de muerte, y que la medicina moderna bien puede atajar a tiempo esas molestas contingencias. Y que el Seguro Social, a pesar de sus fallas “históricas” y presuntas dificultades actuales, a los mexicanos de mucho nos sirve y ojalá junto con el seguro popular y otras prestaciones sociales para la pobrería, no sólo se mantengan sino se fortalezcan para evitar que como en otras latitudes, se derrumben esos servicios rindiéndole culto al dio$ de e$te mundo (neoliberalismo, le dicen o un capitalismo que, aun cuando moribundo, sacude con sus coletazos a media esfera planetaria). MI esferita de cristal me dice que a punto de cumplir los ochenta de vida y los cincuenta de periodista (5 de enero y 15 de febrero, respectivamente), no todo fue inútil. A veces uno es muy exigente consigo mismo, más de lo debido. Pero en descargo, está uno condicionado por su origen social, su formación y desde luego por la misma marcha de su comunidad, su región, su país y el mundo, a lo cual estamos vinculados, y es una maravilla que así sea. Que La Piedad prospere mucho, pero no sólo con ejes viales y obras grandiosas al servicio del automóvil. Aunque no estará por demás atender tanto bache en avenidas y calles céntricas, donde aún en taxi, no se diga en camión, se revuelven las tripas del pasajero con tanto bailoteo de los vehículos. Que Michoacán encuentre su paz, la paz de fondo, hija de la justicia (o al revés, que es lo mismo). UN MEJOR AÑO para mis familiares, amistades, personas que me dan más de lo que merezco, para GUIA (padre Alfonso) mi tribuna desde hace 22 años. (www.silvianomartinez.wordpress.com ).

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Don José Armendáriz Torres, en entrevista. Los auténticos reboceros. Por Silviano Martínez Campos

mitierramaravillosa

Don José Armendáriz, en el patio arbolado del taller

Martínez Campos, 23/VII/013

GUIA

 

                            Silviano Martínez Campos

      LA PIEDAD, 22 de Julio.-  La semana del 15 AL 21 fue la de los reboceros; pero no del equipo de ese nombre que los negociantes del deporte  del futbol sacaron de La Piedad, sino del gremio de artesanos que han dado  fama a la prenda femenina, particularmente la cooperativa que fundada y promovida por sacerdotes, cumplió este domingo sus cincuenta años de vida productiva.Don José Armendáriz, en el templo

         Los festejos incluyeron un reconocimiento del Ayuntamiento de  La Piedad, cuyo alcalde Hugo Anaya Avila expresó que los verdaderos reboceros son los artesanos y no los del deporte, una referencia  a la frustración tal vez compartida con la afición tan marcada al deporte del futbol, afición  que se desengañó cuando al triunfante equipo Reboceros se lo llevaron a Veracruz.

         Esta ciudad media del Occidente michoacano, encrucijada geográfica de tres Estados, se ha…

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Convivencia navideña. Con dos textos: Regalo de Navidad (Silviano Martínez) y de Leonardo Boff: Navidad: fiesta de la humanidad de Dios y de la comensalidad humana.

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(Florilegio con fotografías de la convivencia familiar navideña y dos textos). Gráficas de Silviano y cuando su servidor aparece, de seguro son de Diana o de Sandra)

 

(FANT10)

 

 

 

                                         REGALO DE NAVIDAD

 

                                        Silviano Martínez Campos

 

— ¡De seguro fuiste a comprar los regalos para compartir entre tus numerosas amistades!

—  ¡Otra vez tu!, ¿por qué te da por interrumpir cuando escribo?, Ahora le tocaba a La Musa, no a ti.

—Observé el título de tu escrito y me dije: este Silviano está en mis dominios, no es tan objetivo. Además, tan dadivoso, de seguro ya fuiste a mercar tu regalo. Te vi en el centro curioseando aparadores.

—Nada más curioseando, duende indiscreto, la curiosidad es lo único que nos dejó el neoliberalismo. Están de moda los hermanos incómodos y tú eres uno de ellos. Qué es eso de mercar, te creía más moderno.

—Mercar no es arcaísmo, es tan de moda que todo el mundo le está tributando adoración. Por lo demás, soy duende cibernético. Acabo de regresar de la antigüidá y me traje en equipaje uno que otro arcaísmo, para tu regalo.

—Así es, estoy por recibir arcaísmos. El otro día recibí el don de un amora y me lo regaló un niño.

—Estás muy  alrevesado, lo que tú quieres decir es que te regalaron un amor.

—Un amora. Pero mira, duende juguetón, dicen que no se puede regresar al pasado y volver, así es que no fuiste a la antigüidá. En cambio sí puedo viajar al futuro y traer de regreso  mi presente. Voy y vengo y te traigo un amora.

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—Voy y vengo y te traigo un amor.

—Voy y vengo y te traigo un amora.

—Voy y vengo y te traigo una cruz.

—Voy y vengo y te traigo una esperanza.

—Voy y vento y te trago una A.

—Voy y vento y te traigo una Z-

—Voy y vengo y te traigo un pez.

—Voy y vengo y te traigo pan y vino.

—Me trambuluqueaste, ¿cómo viajas al futuro?.

—Dí  tu primero, ¿cómo viajas al pasado?.

—Me trepo en la espalda del tiempo y dejo llevarme por sus alas. El aleteo en su vuelo me transporta poco a poco a las regiones donde surgen los sueños. Capto las claves perdidas y desando el camino guiándome por el parpadeo de las estrellas o el suspiro de los grillos. Te toca.

—Eso está muy oscuro y ni es tan original. Yo atrapo un rayo de sol y como la araña en su hilo me transporto a la velocidad del pensamiento, vago por galaxias y universos y te traigo noticias de lo maravilloso. Sigues.

—Eso es sicodélico y ni tan original. Yo hago mía una canción ranchera, desentraño su compás terciario o cuaternario y me remonto al tiempo en que el hombre cantaba y bailaba en amistad con plantas y animales aceptando los aplausos de la Luna. Sigues.

—Eso es premoderno, ya hasta la pisamos. Yo  pido prestado a Mozart y a Beethoven ese compás terciario y cuaternario, los comparo con tu canción ranchera y luego verifico si en ellos pueda estar la clave del mundo. Vas.

—Eso es megalómano. Yo pregunto a una etnia, arcaísmo viviente, por qué se conforma sólo con tierra, pan, escuela, medicina, le  respeten su ser y su pasado y la dejen vibrar con su cultura enamorada del Universo. Te toca.

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—Eso es anticuado. Por eso estoy de acuerdo y pregunto a un imperio, a un potentado, por qué siega su futuro cerrando el paso a la gran ciudad del mundo, la gran Jerusalén de la unificación humana, e impide hacer real la utopía de la Nueva Tierra. Sigues.

—Eso es ideológico, además de pretencioso. Te regalo el arcaísmo del pez, y de paso una cruz: ICHTHUS (pez, en griego) =Iesus Christos Theou Uios Soter=Jesucrisato, Hijo de Dios, Salvador.

—Te regalo un Amor A y de paso una esperanza. Amora, aroma de Navidad, la sonrisa de un niño callejero.

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—¿Y cómo viajaste al futuro?

—De la primera A, el presente, a la segunda A, el futuro. Regreso leyéndola al revés y te regalo un amora, un aroma, el aroma navideño de la sonrisa de un niño, un regalo navideño recibido en la calle, uno de esos días atribulados. ¿Y cómo regresaste al pasado?.

—Igual, te dije que era Amor, lo leí al revés y resulta Roma, y es lo mismo. Al calvario se regresa por Roma y por Roma se viaja al futuro. Para regresar lo lees al revés y queda AMOR. Es lo mismo: Amor, Roma, A Roma, Aroma, Amor A.

—Ahora tú me trambuluqueaste. Nada de eso es novedoso, se me hace que ambos la regamos.

—De eso se trata, muchachito, de regarla. Regar por todos lados la noticia de que la sonrisa de un niño, recibida con devoción,  puede darte la clave del mundo. ¿O a poco en el Jesús niño no podemos estar recibiendo el regalo de la sonrisa de Dios?

—Ora sí te agarré, duendecillo, con que te incluyes, ¿por qué?

—Porque soy tú mismo que te preguntas desde el presente y te contestas desde el futuro. En cambio, tú eres un traidor.

—Ya lo sabía, ni me cuesta reconocerlo. A lo largo de la vida no sólo me he traicionado a mí mismo, sino he sido traidor al negar en hechos y palabras la buena noticia que nos cayó desde las alturas.

—No hombre, eres un traidor porque tráis desde el presente al futuro los lamentos del hombre afligido, las quejas contra los hermanos incómodos, las angustias de los torturados por la vesanía o el hambre, en los aromas de las oraciones concertadas en la comunidad creyente.

—Y tú eres también un traidor porque tráis al presente la esperanza vital cifrada en la sonrisa de un niño, la confianza en una comunidad orante, la certidumbre de que quien hace la paz y la justicia está sacando para él y para todos,  el pasaporte hacia la Tierra  Prometida,  el gran Regalo de Navidad, me lo dijo un pececito.

—Siempre que nos trenzamos en polémica quedamos tablas. Te dejo, escríbele a tu musa.

—Musa de los Vientos: por culpa de un duende entremetido, no logré elaborar una carta navideña dirigida a ti, en la cual pretendía pedirte, como regalo de Navidad, me dieras paz y bien y lo hicieras extensivo a mis familiares, amigos de Guía, Etcétera, Porqué, colegas y a todo el mundo y, desde luego, a mis posibles lectores.

—Narciso pretencioso: tus deseos sean cumplidos. Desde la muerte (es un decir) de Chon y de Benita, te me había olvidado, así es que para comunicarme hoy contigo, me disfracé de duende y has de disculpar la treta.

 

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas Pág. 4-B, 22/XII/1996. Y en  ETCETERA, semanario, La Piedad,   Mich.,   17/I/1997 )

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NAVIDAD: FIESTA DE LA HUMANIDAD DE DIOS Y DE LA COMENSALIDAD HUMANA

24/12/2014

La Navidad está llena de significados. Uno de ellos ha sido secuestrado por la cultura del consumo que, en vez del Niño Jesús, prefiere la figura del vejete bonachón, Papá Noel, porque es más llamativo para los negocios. El Niño Jesús, por el contrario, habla del niño interior que llevamos siempre dentro de nosotros, que siente necesidad de ser cuidado y que, una vez que ha crecido, tiene el impulso de cuidar. Es ese pedazo de paraíso que no se ha perdido totalmente, hecho de inocencia, de espontaneidad, de encanto, de juego y de convivencia con los otros sin ninguna discriminación.

Para los cristianos es la celebración de la “proximidad y de la humanidad” de nuestro Dios, como se dice en la epístola a Tito (3,4). Dios se dejó apasionar tanto por el ser humano que quiso ser uno de ellos. Como dice bellamente Fernando Pessoa en su poema sobre la Navidad: «Él es el eterno Niño, el Dios que faltaba; el divino que sonríe y que juega; el niño tan humano que es divino».

Ahora tenemos un Dios niño y no un Dios juez severo de nuestros actos y de la historia humana. Qué alegría interior sentimos cuando pensamos que seremos juzgados por un Dios niño. Más que condenarnos, quiere convivir y entretenerse con nosotros eternamente.

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Su nacimiento provocó una conmoción cósmica. Un texto de la liturgia cristiana dice de forma simbólica: «Entonces las hojas que parloteaban, callaron como muertas; el viento que susurraba, quedó parado en el aire; el gallo que cantaba se calló en medio de su canto; las aguas del riachuelo que corrían, se estancaron; las ovejas que pastaban, quedaron inmóviles; el pastor que erguía su cayado quedó como petrificado; entonces, en ese preciso momento, todo se paró, todo se silenció, todo se suspendió: nacía Jesús, el Salvador de las gentes y del universo».

La Navidad es una fiesta de luz, de fraternidad universal, fiesta de la familia reunida alrededor de una mesa. Más que comer, se comulga con la vida de unos y otros, con la generosidad de los frutos de nuestra Madre Tierra y del arte culinario del trabajo humano.

Por un momento olvidamos los quehaceres cotidianos, el peso de nuestra existencia trabajosa, las tensiones entre familiares y amigos y nos hermanamos en alegre comensalidad. Comensalidad significa comer juntos reunidos en la misma mesa como se hacía antes: toda la familia se sentaba a la mesa, conversaban, comían y bebían, padres, hijos e hijas.
La comensalidad es tan central que está ligada a la aparición del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años comenzó la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un antepasado común. La singularidad del ser humano, a diferencia de los animales, es la de reunir los alimentos, distribuirlos entre todos comenzando por los más pequeños y los mayores, y después los demás.

La comensalidad supone la cooperación y la solidaridad de unos con otros. Fue ella la que propició el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue verdad ayer, sigue siendo verdad hoy. Por eso nos duele tanto saber que millones y millones de personas no tienen nada para repartir y pasan hambre.

El 11 de septiembre de 2001 sucedió la conocida atrocidad de los aviones que se lanzaron sobre las Torres Gemelas. En ese acto murieron cerca de tres mil personas.

Exactamente en ese mismo día morían 16.400 niños y niñas con menos de cinco años de vida; morían de hambre y de desnutrición. Al día siguiente y durante todo el año doce millones de niños fueron víctimas del hambre. Y nadie quedó horrorizado ni se horroriza delante de esta catástrofe humana.

En esta Navidad de alegría y de fraternidad no podemos olvidar a esos que Jesús llamó “mis hermanos y hermanas menores” (Mt 25, 40) que no pueden recibir regalos ni comer alguna cosa.

Pero no obstante este abatimiento, celebremos y cantemos, cantemos y alegrémonos porque nunca más estaremos solos. El Niño se llama Jesús, el Emanuel que quiere decir: “Dios con nosotros”. Viene bien a la ocasión este pequeño verso que nos hace pensar sobre nuestra comprensión de Dios, revelada en Navidad:

Todo niño quiere ser hombre.
Todo hombre quiere ser rey.
Todo rey quiere ser ‘dios’.
Solo Dios quiso ser niño.

Feliz Fiesta de Navidad del año de gracia de 2014.

Traducción de Mj Gavito Milano

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Navidad: fiesta de la humanidad de Dios y de la comensalidad humana. Leonardo Boff

Navidad: fiesta de la humanidad de Dios y de la comensalidad humana

24/12/2014

La Navidad está llena de significados. Uno de ellos ha sido secuestrado por la cultura del consumo que, en vez del Niño Jesús, prefiere la figura del vejete bonachón, Papá Noel, porque es más llamativo para los negocios. El Niño Jesús, por el contrario, habla del niño interior que llevamos siempre dentro de nosotros, que siente necesidad de ser cuidado y que, una vez que ha crecido, tiene el impulso de cuidar. Es ese pedazo de paraíso que no se ha perdido totalmente, hecho de inocencia, de espontaneidad, de encanto, de juego y de convivencia con los otros sin ninguna discriminación.

Para los cristianos es la celebración de la “proximidad y de la humanidad” de nuestro Dios, como se dice en la epístola a Tito (3,4). Dios se dejó apasionar tanto por el ser humano que quiso ser uno de ellos. Como dice bellamente Fernando Pessoa en su poema sobre la Navidad: «Él es el eterno Niño, el Dios que faltaba; el divino que sonríe y que juega; el niño tan humano que es divino».

Ahora tenemos un Dios niño y no un Dios juez severo de nuestros actos y de la historia humana. Qué alegría interior sentimos cuando pensamos que seremos juzgados por un Dios niño. Más que condenarnos, quiere convivir y entretenerse con nosotros eternamente.

Su nacimiento provocó una conmoción cósmica. Un texto de la liturgia cristiana dice de forma simbólica: «Entonces las hojas que parloteaban, callaron como muertas; el viento que susurraba, quedó parado en el aire; el gallo que cantaba se calló en medio de su canto; las aguas del riachuelo que corrían, se estancaron; las ovejas que pastaban, quedaron inmóviles; el pastor que erguía su cayado quedó como petrificado; entonces, en ese preciso momento, todo se paró, todo se silenció, todo se suspendió: nacía Jesús, el Salvador de las gentes y del universo».

La Navidad es una fiesta de luz, de fraternidad universal, fiesta de la familia reunida alrededor de una mesa. Más que comer, se comulga con la vida de unos y otros, con la generosidad de los frutos de nuestra Madre Tierra y del arte culinario del trabajo humano.

Por un momento olvidamos los quehaceres cotidianos, el peso de nuestra existencia trabajosa, las tensiones entre familiares y amigos y nos hermanamos en alegre comensalidad. Comensalidad significa comer juntos reunidos en la misma mesa como se hacía antes: toda la familia se sentaba a la mesa, conversaban, comían y bebían, padres, hijos e hijas.
La comensalidad es tan central que está ligada a la aparición del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años comenzó la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un antepasado común. La singularidad del ser humano, a diferencia de los animales, es la de reunir los alimentos, distribuirlos entre todos comenzando por los más pequeños y los mayores, y después los demás.

La comensalidad supone la cooperación y la solidaridad de unos con otros. Fue ella la que propició el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue verdad ayer, sigue siendo verdad hoy. Por eso nos duele tanto saber que millones y millones de personas no tienen nada para repartir y pasan hambre.

El 11 de septiembre de 2001 sucedió la conocida atrocidad de los aviones que se lanzaron sobre las Torres Gemelas. En ese acto murieron cerca de tres mil personas.

Exactamente en ese mismo día morían 16.400 niños y niñas con menos de cinco años de vida; morían de hambre y de desnutrición. Al día siguiente y durante todo el año doce millones de niños fueron víctimas del hambre. Y nadie quedó horrorizado ni se horroriza delante de esta catástrofe humana.

En esta Navidad de alegría y de fraternidad no podemos olvidar a esos que Jesús llamó “mis hermanos y hermanas menores” (Mt 25, 40) que no pueden recibir regalos ni comer alguna cosa.

Pero no obstante este abatimiento, celebremos y cantemos, cantemos y alegrémonos porque nunca más estaremos solos. El Niño se llama Jesús, el Emanuel que quiere decir: “Dios con nosotros”. Viene bien a la ocasión este pequeño verso que nos hace pensar sobre nuestra comprensión de Dios, revelada en Navidad:

Todo niño quiere ser hombre.
Todo hombre quiere ser rey.
Todo rey quiere ser ‘dios’.
Solo Dios quiso ser niño.

Feliz Fiesta de Navidad del año de gracia de 2014.

Traducción de Mj Gavito Milano