ADIÓS, VICENTE; NO DEBIÓ ANUNCIARSE VISITA A IGUALA; IGLESIA CRÍTICA Y CRITICADA. Salvador Flores LLamas. HASTA SIEMPRE, Y GRACIAS, MAESTRO LEÑERO. José Antonio Aspiros Villalobos

A c e n t o

Adiós, Vicente

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

Conocí a Vicente Leñero Otero como alumno muy brillante de la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García” en 1956, cuando ingresé al primer curso y él iba en el tercero, terminó también la carrera de Ingeniero Civil en la UNAM.

Originario de Guadalajara, supe por él que una vez que terminó Ingeniería le dijo a su padre: aquí está el título que te prometí, ahora seré periodista.  

Pronto nos hicimos amigos y la relación se acrecentó como miembros del grupo interparroquial de la ACJM, del que era asistente eclesiástico el “padre Lacho”, Luis Reynoso Cervantes, que fue obispo de Cuernavaca. Nos reuníamos los domingos en misa de las 9 A. m. en la Iglesia de Praga en la Colonia Juárez,

De allí íbamos a desayunar a una casa de la calle de Chiapas en la Colonia Roma, donde teníamos un círculo de estudios y juegos de mesa y albergaba a jóvenes pintores que exhibían en el recién nacido Jardín del Arte, en Villalongín (Col. Cuauhtémoc) entre quienes estaban Armando Anguiano (hermano del famoso Raúl) Kent y otros, con quienes trabamos amistad, pues los tratábamos antes de irse a exhibir y algunos bisoños periodistas les brindamos incipientes reportajes.

Allí conocí a Estelita Franco, novia de Vicente, venida de Mexicali, a quien todos estimamos. 

Él concluyó su carrera en la Septién con honores y obtuvo una beca del Instituto de Cultura Hispánica, que dirigía en Madrid Alfredo Sánchez Bella; la disfrutó durante un año  con Graciela Corro, Martha Leyzaola y Manuel Pérez Miranda.  

A su regreso impartió clases en la escuela y destacó como reportero del semanario “Señal”, que dirigía el moreliano José Natividad Chávez González (Josene), quien sustituyó en la dirección de la escuela a Carlos Septién García, al perecer éste en 1954 en la sierra de Mamulique, Nuevo León, al ir a cubrir la inauguración de la Presa Falcón, en los límites de Coahuila y Texas, que realizaron los presidentes Ruiz Cortines y Eisenhower.

Una anécdota: el terremoto de julio de 1957, que derribó el Ángel de la Independencia, afectó el edificio que ocupaba “la Septién” en San Juan de Letrán, en los altos del cine “Avenida”, exclusivo de películas infantiles, y el platel tuvo que alojarse en las instalaciones del colegio “Cristóbal Colón”, de los Lassallistas, sobre la calle Sadi Carnot en la Colonia San Rafael.

Eso motivó que los maestros no fueran a dar clases y los alumnos teníamos que entretenernos en un campo de voleibol y en cafés cercanos y pasar lista cada hora, para tener derecho a los ya cercanos exámenes finales.

Por quejarnos en la dirección, quisieron enviar a mi curso, segundo año, a Vicente y a Gerardo Medina, alumnos sobresalientes, de “maistritos” (así nos dijeron) pero los rechazamos, no por ellos, sino porque serían pretexto para que la dirección ya no se preocupara por insistir a los titulares a ir.

Vicente elaboró un curso de periodismo por correspondencia y cuando sus ocupaciones crecieron, tuvo la atención de ofrecerme que me hiciera cargo de él con las respectivas obligaciones y las mensualidades que enviaban los alumnos.

Dudé en aceptar, porque me complicaba tener que calificar las respuestas a la tareas de los alumnos y mantener correspondencia con ellos. Vicente me propuso que podía ofrecérselo al “Profe” Alejandro Avilés, ya director de la Septién; estuve de acuerdo, y así se hizo.

Alumnos del primer curso al que dio clase Vicente fueron Salvador Estrada, Elsa Rodríguez, su esposa, Elías Chávez, Lupita Pedroza, Imelda Arvizu, Arturo Álvarez del Castillo, Salvador Morales, Luis Mayén, J. Refugio Molina, Mario Aguirre, Antonio Aspiros y Joaquín Herrera, entre otros.

Vicente se entregó a escribir cuentos, 18 giones cinematográficos, ensayos, obras de teatro y toda su tarea literaria, que ganó aceptación pública, no mutó su trato ni don de gentes, y amplió su gama de amistades.

Su reportaje-novela  “Los periodistas” donde narra el ataque de Echeverría-presidente a “Excélsior”, lo acercó a Julio Scherer, quien  tiempo después de fundar “Proceso” lo designó subdirector, y cumplió con creces tras haber dirigido “Claudia” y “Revista de Revistas” de Excélsior.

Valga citar que de sus novelas la cumbre fue “Asesinato”, gran reportaje de la ejecución del matrimonio Flores Muñoz, con análisis amplio de la biografía de la pareja, investigaciones policíacas, testimonios, notas periodísticas y aquella acertadísima cabeza de “La Prensa”: “Fue el nieto”.

Llegaron en racimo los muy merecidos galardones; fue de  los connotados comunicadores egresados de “la Septién” y sobresalió por ser el primer miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, como Juan Manuel Oliva resultó el primer gobernador de un estado (Guanajuato).

Con este emocionado recuerdo de mi amigo vaya una plegaria para que el Señor lo acoja en su reino y dé pronta recuperación del dolor a sus seres amados: Estelita, su esposa, y sus hijas Mariana, Eugenia, Isabel y Estela, que recibieron incontables pésames de quienes lo estimamos y admiramos, en el magno homenaje que se le tributó en el Palacio de Bellas Artes.

Sin duda, él abogará porque el país por el que tanto luchó halle pronta salida del callejón en que lo confinaron criminales y autoridades que dejan demasiado a desear.

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Textos en libertad

Hasta siempre y gracias, maestro Leñero

Por José Antonio Aspiros Villagómez

 

Lo conocí en 1960 y lo saludé por última vez, con gran emoción, en este 2014, hace pocos meses, cuando hubo un encuentro fortuito de matrimonios en el Vips de Mixcoac, lugar de visita ocasional para ambas parejas por ser vecinas del rumbo. Él ya tenía un aspecto desmejorado, su caminar lento y con el apoyo de un bastón y de su esposa Estela Franco. Pero eso sí, su mirada avispada, su mente clara y su trayectoria incuestionada.

Este 3 de diciembre Vicente Leñero Otero murió a los 81 años y de inmediato los sitios web destacaron su trayectoria: hizo las carreras de ingeniería civil y de periodismo, escribió novelas, obras de teatro, guiones para cine y libros sobre periodismo, fue miembro de la Academia de la Lengua y, junto con el también célebre José Agustín, recibió la Medalla Bellas Artes en 2011, además de varios otros galardones.

Fue recordado también su paso por la cooperativa Excélsior y las revistas Claudia yProceso. Poco se comentó de su trabajo como ingeniero civil, pues él cambió los números por la pluma y todos sus reconocimientos los obtuvo como periodista y escritor.

En alguna nota con motivo de su muerte, hay una breve cita a su condición de “maestro de varias generaciones de periodistas”, y en ello me detengo pues fui uno de sus muchos alumnos en la Escuela de Periodismo ‘Carlos Septién García, donde él también estudió cuando el plantel pertenecía a la Acción Católica Mexicana.

Hasta donde la memoria alcanza para recrear detalles de lo ocurrido hace más de medio siglo, puedo recordar que como profesor nos enseñó la técnica y el estilo de los géneros periodísticos, mediante “recetas” que eran listados con las características de la nota, la entrevista, la crónica, el reportaje, el editorial, el artículo y demás.

Siempre consideró -y dejó testimonio de su opinión en las dos ediciones del libro El parlamento de los pueblos, que publicó la Escuela ‘Septién’- que “el verdadero periodista” es el reportero, “el que se cuela por los vericuetos de las tragedias para obtener el dato exclusivo, el que se filtra por las ventanas para conseguir una entrevista única, el que comprende y observa y oye y se documenta…”

Y reconoció que el propósito de la Escuela ‘Carlos Septién García’ no era “preparar intelectuales del periodismo, pensadores de periodismo, articulistas teóricos, ansiosos por explicarnos cómo es la realidad, sino reporteros-infantería, gente preguntona” capaz de plasmar “la pintura fiel de lo que ocurre, sin opinar, sin orientar…”.

Porque, como abundó en 2010 cuando le fue otorgado el Premio Nacional de Periodismo ‘Carlos Septién García’, periodistas son los reporteros, mientras que los comentaristas, los “líderes de opinión”, son “llamados también periodistas, no por antonomasia sino por generosa ampliación del término, dado que escribían (y escriben) o participaban en los medios”.

A juicio del maestro Leñero -de quien lo aprendí y comparto a plenitud- “el peligro es que ahora existe una tendencia malsana a fundir y confundir ambos momentos de la información (la noticia y el juicio sobre la misma), a unirlos en un solo acto, en el periodismo escrito pero sobre todo, significativamente, en la radio y en la televisión”. Estimó como “una aberración” esa práctica de dar la noticia y de inmediato comentarla, por parte del mismo periodista. “La noticia inducida que ofende, antes que a nadie, al público receptor”.

Baste con rescatar estas ideas como un homenaje al maestro que ha partido y con quien tuve la oportunidad de compartir espacios de trabajo en la Editorial Mex-Abril, él como director de la revista Claudia y yo en Automundo, que también llegué a dirigir.

Hace 50 años, que se cumplen este 5 de diciembre, según dice un testimonio mío para el libro El parlamento de los pueblos, segunda edición, 2012, “fuimos sólo siete (alumnos de la ‘Septién’) quienes, después de haber presentado individualmente exámenes orales ante los sinodales (Vicente) Leñero, (Héctor) Dávalos y (Horacio) Guajardo, recibimos nuestros anillos y diplomas de manos del padrino de la generación, Octavio Colmenares, y del presidente de la Acción Católica Mexicana, Carlos Garcinava”.

En vísperas de ese mi 50 aniversario profesional, la partida de Vicente Leñero me ha provocado gran tristeza y muchos pensamientos, en días que también son de complacencia porque la fecha es cercana a los cumpleaños de otros destacados periodistas y buenos amigos: Teresa Gurza, Mario Campa y Carlos Ravelo, a quienes deseo lo mejor.

Hasta siempre y gracias, maestro Leñero.

 

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No debió anunciarse visita a Iguala

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

Peña Nieto no tiene obligación de ir a Iguala. Debió pensar muy bien antes de anunciar esa visita, y no dar muestra de pánico al cancelarla.

Una prueba más de que no está sintonizado con la realidad del país que debe gobernar. Parece no tener asesores que valgan la pena, que debieron analizar antes ese anuncio, o no les hace caso: pero México y su gobierno merecen mayor determinación.

Si no hubo golpes contundentes o de timón como se esperaba la semana pasada; que no dé estas salidas fallidas, que resultan contraproducentes ante la gente, que ya ha reprobado al Presidente.

En todo caso, si había decidido dar el paso, dejarlo en manos del Estado Mayor Presidencial, que está preparado para esas emergencias, y aceptar las consecuencias.

No se trata de darles muertitos a los anarcos; pero tampoco mostrarles el rostro cenizo de miedo, porque resulta peor: se envalentonan los cobardes, amparados en capuchas para cometer delitos en plena calle, aunque no les hagan nada y si los detienen, los dejen libres “por falta de méritos”.

Da coraje y estupefacción ver que Gobernación liberó a los detenidos in fraganti el 20 de noviembre por atacar a gente y policías en la marcha del Zócalo.

Tan los consideraron culpables que los enviaron a penales de alta seguridad. Pero Fernández Noroña montó un plantón — vociferante, como él es- ante la Casa Blanca de la señora Angélica Rivera.

Lo llamaron a Bucareli para pedirle levantarlo y, envalentonado al ver que no había autoridad que obligara a sus escandalosos a abandonarlo, exigió a cambio liberar a los 11 capturados el 20 de noviembre: liquidó el plantón a cambio de liberar a esos criminales.

Eso, ni aquí ni en China es gobernar, sino dar más aliento a la subversión, y a ver quién la para…

Resultado: 7 bancos y 4 tiendas con vidrios, mercancías robadas y muebles destruidos en Paseo de la Reforma el lunes 1 de diciembre, aniversario de la toma de posesión de Peña Nieto, cuando vandalizaron la Alameda Central, recién restaurada, y establecimientos de la Avenida Juárez.

Y los dejaron libres.

Antonio Padierna, hermano de Lola la esposa de Bejarano, y diputado a la Asamblea Legislativa del DF, presentó una iniciativa para rebajar los delitos de esos vándalos, de graves a menores, y salieron libres.

Ahí empezó la capitulación que se ha practicado durante los dos años de Peña, sin importar las bellaquerías de los inadaptados en la UNAM, el Metro, las casetas de las autopistas y en cualquier rumbo de la ciudad.

Y los ciudadanos, bien gracias. Ellos no tienen derechos humanos, solo los agitadores, subversivos, protegidos por Bejarano, Noroña, Martí Batres y su jefe máximo el Peje, como está demostrado hasta la saciedad.

Así el jefe del país es ahora López Obrador, a quien el pueblo le negó su voto mayoritario dos veces, pero es quien manda con su terror dictatorial ante gobiernos empequeñecidos: el federal, del DF y de los estados.

Mejor entréguenle ya el poder y el país completos.

El Estado Mayor Presidencial no anda con pamplinas, sabe que su papel es proteger a la máxima autoridad y toma todas las precauciones.

Una anécdota al respecto: después del terremoto de 1985, cuando la ciudad empezada a despertar, el presidente De la Madrid fue a la Colonia Guerrero a conocer in situ cómo se reconstruían las casas que resultaron afectadas.

Sobre la Av. Héroes, en un terreno junto al Panteón de San Fernando, le mostraron tres pasos básicos: terraplén, cimientos y paredes ya erigidas.

Un reportero preguntó al jefe el EMP, Gral. Humberto Bermúdez si era cierto que había duplicado el número de miembros de ese cuerpo.

Respuesta: Yo no soy político, para los políticos no hay crisis económica y todo es miel sobre hojuelas. Pero sí la hay y la gente indebidamente le echa la culpa al Presidente.

Como soy responsable de que nada le pase, no sólo dupliqué el personal, quizá hasta me pasé, pues prefiero pecar por exceso, que por defecto; a mí no me van a sorprender con que le pasa algo al Señor, sólo por no tomar las providencias adecuadas y no actuar.

¿Ha detectado en actos presidenciales muestras del descontento popular?

Donde quiera, pero sobre todo en el DF, recogemos a la gente machetes, cuchillos, verduguillos, picahielos y hasta pistolas, y no las llevaban a esos actos precisamente para rezar.

Quizá me pase de mal pensado, pero vuelvo a lo mismo: prefiero pasar por ca…brito, que por pen….sador mexicano.

(Por eso,  cuando mataron a Colosio en Lomas Taurinas y ver en el video que el general Domiro García, su jefe de seguridad y futuro jefe del EMP, se hizo a un lado y dejó el sitio al brazo asesino, no dudé: había recibido orden de arriba).

Ante esto. Si ya se había metido el choclo anunciando la visita de Peña a Iguala, se hubiera dejado en manos del EMP, y no dar la imagen de un presidente acobardado, ante un país indignado por la inacción oficial y la tolerancia con los desestabilizadores.

¿Costará mucho trabajo armar proceso a quienes están atrás de ellos; o es mejor dejarlos que hagan su santa voluntad con el pueblo mexicano?

¿Qué el pueblo no tiene derechos humanos, que es lo primero que gritan los subversivos que les pisotean?

Estamos a su merced: no se ha difundido mucho la primera hazaña del nuevo ombudsman nacional, Raúl González Pérez: envió a 20 visitadores de la CNDH a la marcha del lunes y se dedicaron a formar una valla protectora de los anarquistas que rompían cuanto hallaban en Paseo de la Reforma y Florencia.

¿También los defensores de los derechos humanos están a las órdenes de los agresores de los mexicanos?

Por eso no extraña que 8 de los 11 liberados por Bucareli, a gestión de Noroña, anunciaran que demandarán a Gobernación y la PGR por haberles violado esas prerrogativas al detenerlos, encarcelarlos e iniciarles proceso. Y eso que los dejaron liberes por la patraña de agitador mayor del Peje.  

 

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c e n t o 

Iglesia crítica y criticada

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

“¡Basta ya! No queremos más sangre, más muertes, más desparecidos, más dolor ni más vergüenza”, dijeron los Obispos Mexicanos en un documento surgido de su XCVIII Asamblea Plenaria, al denunciar  que México vive una “crisis nacional”, y el clamor generalizado porque imperen la verdad y la justicia debe provocar la transformación institucional, judicial y político.

“Vemos en esta crisis un llamado a construir un país que valore la vida, dignidad y derechos de cada persona, y nos haga capaces de encontrarnos como hermanos”.

Subrayaron que el efecto destructor de la violencia daña las relaciones humanas, genera desconfianza, lastima y envenena a las personas, con el resentimiento, miedo, angustia y deseo de venganza; afecta la economía, la calidad de nuestra democracia y altera la paz.

Reconocieron con tristeza que ha empeorado la situación del país. Muchos viven sometidos por miedo y desconfianza, al verse indefensos ante la amenaza de grupos criminales y, en algunos casos, de la corrupción de las autoridades.

En otra exhortación del 26 de noviembre, los prelados  instaron a todos los mexicanos a  “orar y trabajar por la paz” porque, recalcaron, “nuestro país está en crisis. Eso nos duele y nos afecta a todos. La inequidad, la injusticia, la corrupción, la impunidad, las complicidades y la indiferencia nos han sumido en la violencia, el temor y la desesperación”.       

Tan preocupante y dolorosa situación debe ser atendida por los mexicanos todos, cada quien en su sitio; pero de manera especial por la autoridad, a la que le hemos conferido esta responsabilidad, la que no debe servir sólo para que los funcionarios se solacen en el poder, sino para que lo empleen en procurar el bien general.

Los pastores católicos mostraron su pesar por la serie de asesinatos y hechos violentos que nos victiman, de manera especial por la masacre de los 43 normalistas en Iguala, que atentó contra sus derechos más sagrados,  y externaron sus condolencias a los deudos.

Por desgracia, el exhorto episcopal fue muy poco difundido. Pocos nos enteramos de él, porque la Iglesia Católicas no aprovecha sus poderosos órganos de difusión, ni los obispos emplearon su acercamiento con los capitales de los medios para invitarlos a darlo a conocer ampliamente.

Tampoco el segundo documento tuvo la difusión necesaria, porque es costumbre eclesial, al menos en nuestro medio, que se descuide difundir ampliamente las orientaciones y lineamientos de la jerarquía católica, y abundan los casos al respecto.

Por ejemplo, hace meses insistentes noticias del Vaticano dijeron que los prelados mexicanos fueron recibidos en varias reuniones por el papa francisco, en la llamada “visita ad limina apostolorum”, y a su regreso, ellos no dieron a conocer los puntos principales tratados con el Pontífice y menos las lecciones y mandatos que deben desprenderse.

Cuando el PRD, movido por el nefasto ex jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard, propuso, discutió y aprobó en la Asamblea Legislativa el aborto y la adopción de niños por parejas homosexuales, los púlpitos casi callaron, y no hubo un comunicado del cardenal Rivera que explicara esos atentados contra la vida humana y la familia, para orientar a los católicos, que aún somos mayoría en México.

No se habría podido culpar a la Iglesia de hacer política desde los templos, pues se trataba de defender el más sagrado de los derechos del hombre, la vida

Si los políticos, en especial el PRD y López Obrador realizan manifestaciones y mítines para sus protestar y propagar sus puntos de acción, y se jactan de reunir grandes contingentes, aunque casi siempre mienten en sus cálculos; sin duda que si desde los ´pulpitos se hubiera convocado a una magna protesta contra el aborto, sin duda la concurrencia habría sido espontánea y mucho mayor.

Recuérdese que aquélla Marcha silenciosa contra la Inseguridad pública, en el segundo año del gobierno de Fox, rebasó todos los cálculos de asistencia, sin necesidad de los acarreos a que recurren los políticos de marras, al grado que Andrés Manuel, jefe  de gobierno del DF a la sazón, tuvo que salir con el dicho ridículo de que la habían organizado “los pirruris”, porque los reclamos los lo consideraban el destinatario mayor.

A eso se debe que el número de católicos vaya en declive: se calcula que en la última década disminuyeron en México 5 por ciento anual, que absorben tantas sectas que pululan en el país, porque sus propagandistas llegan hasta la agresión para ganar conversos, mientras los sacerdotes y obispos católicos olvidaron el celo con que los misioneros sembraron la fe en nuestro suelo, y  que no es posible que su semilla se cuide sola, sin ver por su vida y fertilidad.

Qué lejos estamos de cumplir con la Nueva Evangelización que el Papa “mexicano” Juan Pablo II lanzó a toda América en la Basílica de Guadalupe, bajo el patrocinio amoroso de la Morenita del Tepeyac, nuestra primera misionera.

No puede, sino concluirse que a la crisis política nacional que los obispos apuntan sufre México, debemos agregar esta crisis de desatención a la fe que nos legaron los legendarios taumaturgos, como Vasco de Quiroga, Juan de Zumárraga, Bartolomé de las Casas, Julián Garcés, Pedro de Gante, Martín de Valencia, Motolinía, Bernardino de Sahagún, Junípero Serra  y tantos ejemplares frailes franciscanos, agustinos, dominicos y jesuitas, cuya memoria ofende la inacción de sus actuales herederos en la misión.      

 

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